Enseñanzas de Kenji Tomiki. Arte y espíritu.

En la presente página encontrarás una serie de artículos traducidos directamente de la web de la Shodokan Aikido Federation cuyo tema central evoca una serie de anécdotas y enseñanzas que Kenji Tomiki dejó a Nariyama-shihan. Esperemos que las disfrutes.

 

«Era la tarde de Nochebuena de 1979. Me encontraba en el Hospital de Ogikubo, en Tokio, visitando a mi maestro, Tomiki-sensei, que luchaba por su vida. El coro de una iglesia cercana cantaba en el patio delantero del hospital. Mientras escuchaba los cánticos, consiguió preguntarme: ‘¿Cómo están las cosas en el dojo?’. Contesté: ‘Todos están trabajando duro’. Estas fueron nuestras últimas palabras. Aquella noche, su estado cambió repentinamente y perdió la consciencia. Al día siguiente a las 16:10 h, a la edad de 79 años y 9 meses, la vida de mi maestro llegó a su fin. Mis palabras no pudieron expresar lo que sentía en el momento del funeral. Simplemente no pude contener las lágrimas.

 

 En este ensayo, relataré los consejos que él me dio. Creo que hay muchas cosas que, a través de mí, quería transmitir a todos los practicantes. Me complacería que este sencillo artículo fuera de utilidad para todos los que sigan nuestro aikido.»

1. Un encuentro

«Tomiki-shihan nació en Kakunodate, en la prefectura de Akita, pero antes de hablar de él, me gustaría presentarme. Mi ciudad natal también se encuentra en el noreste de Japón. Nací el 21 de noviembre de 1947, el primero de dos hijos de mi padre, Hachiro, y mi madre, Chiyo. Fui al colegio local de primaria antes de ir al Instituto de Secundaria de la Prefectura de Yamagata, en la ciudad de Yamagata. Allí, me afilié al club de judo y, en otoño de 1964, tras ver el judo en las Olimpiadas de Tokio en televisión, quise convertirme en competidor olímpico. En un campamento de entrenamiento de verano, miembros del club de judo de la Universidad de Kokushikan vinieron a enseñarnos. Nos sorprendió su fuerza, porque, por muy duro que lo intentáramos, éramos incapaces de lidiar con ellos. Sin embargo, mientras nos enseñaban, su actitud era de simpatía y amabilidad. Parecían haberse convertido en hermanos mayores en los que podíamos confiar. Posteriormente, en la primavera de 1966, accedí a la Facultad de Derecho de la Universidad de Kokushikan. Al principio, intenté afiliarme al club de judo, pero finalmente no lo hice porque un estudiante mayor de mi residencia me recomendó el club de aikido. La primera vez que vi a Tomiki-sensei fue cuando vino a una sesión de exámenes del club. Había un brillo agudo y profundo en sus entreabiertos ojos y mi primera impresión fue la de un profesor muy aterrador. Mi encuentro con él cambió el curso de mi vida.»

2. El entusiasmo por fundar una asociación del Budo

«Un día de otoño de 1968, sucedió algo que, al igual que el primer encuentro con Tomiki-shihan, dejó una fuerte huella en mí. Me dijo: ‘Nariyama, ¿me ayudas mañana?’. Yo no llevaba mucho como capitán del club de aikido, por lo que no esperaba aquella petición tan repentina, y me puse algo nervioso. No obstante, el hecho de que otros estudiantes de las universidades de Waseda y Seijo también habían sido convocados, me tranquilizó. Así que fui, convencido de que no sería algo tan importante.

Llegado el día, le acompañé a un centro de convenciones, no muy lejos de la estación de metro de Kudansha, de camino al Budokan de Japón. Al llegar, echamos un vistazo alrededor y me sentí algo incómodo al ver que no había otros estudiantes por allí. La reunión fue toda una sorpresa para mí, ya que asistieron muchas de las personalidades importantes del budo en Japón. Se respiraba un ambiente extraño.

Poco después llegó Tomiki-shihan, cambiado y listo para la práctica. Me dijo que hiciese las caídas en su lugar, y me puse frente a él sin saber qué me esperaba y sin haber ensayado. Al poco rato, comenzó la exhibición, que consistió en una comparación de técnicas de judo y aikido. Las técnicas fueron ejecutadas con dureza y a mi me pilló por sorpresa su tremendo vigor. En kote gaeshi y algunas otras técnicas, al proyectarme, me dejó a mi propia suerte. Además, no había tatami en el suelo, que estaba simplemente cubierto por unas cuantas capas de esterilla. Lo pasé bastante mal, al golpear con la cabeza y caer sobre mis hombros repetidamente. Toda mi experiencia en judo y aikido no era nada comparada con la severidad de sus técnicas en aquella ocasión.

Mucho después, supe que tras aquella reunión, Shihan ejerció de vicepresidente en el comité que fundó la Asociación Japonesa del Budo.»

3. Técnicas complejas

«También por aquella época hubo un entrenamiento especial con un profesor de Daitoryu Aikijujitsu en el pequeño dojo del Budokan de Japón y nos inscribimos inmediatamente. Durante su demostración, mostró una técnica que dejó huella en mí, en particular. Se encontraba tumbado bocarriba sobre el tatami con brazos y piernas abiertos en cruz y cuatro personas sujetándole los tobillos y las muñecas, y en un instante, estas cuatro personas salieron despedidas. Nos costó mucho creerlo porque era bastante difícil contra una sola persona en la práctica de randori o en un combate. Fue un espectáculo muy extraño, pero todos mis compañeros coincidieron en que no parecía una farsa. Más tarde le pregunté a Tomiki-shihan al respecto y su inesperada respuesta fue: ‘¡Puedo hacer eso en cualquier momento!’. Sin embargo, por entonces no le creí y la duda permaneció en algún lugar de mi mente.

En julio de 1979, más de 10 años después, el 2º Encuentro de Aikido Competitivo de Japón se celebró a raíz del celebrado el año previo. Fue organizado por la JAA y tuvo lugar en la ciudad natal de Tomiki-shihan, Kakunodate, en la prefectura de Akita. Él acababa de reincorporarse tras una cirugía abdominal en agosto del año anterior y nos dio clases con vendajes envolviendo su abdomen. Yo fui elegido como su uke para ambos días. Fue la una oportunidad para enseñarme la técnica que nos había mostrado más de 10 años antes el profesor de Daitoryu. Lo hizo muy fácilmente y sin esfuerzo. Una vez más, no hace falta decir que me quedé atónito ante la profundidad de su técnica.

Aún tiemblo cuando recuerdo la práctica de la mañana del segundo día. Durante el encuentro la noche anterior, bebí un delicioso sake local hasta el amanecer, lo que me provocó una muy mala resaca y un dolor de cabeza terrible. Además, había comido varios cuencos de arroz con mi soja verde favorita recogida de un campo de la zona, lo que desembocó en una inflamación de mi mandíbula. Mi condición física estaba en su peor momento. En fin, la práctica comenzó, y Tomiki-shihan, que estaba inusualmente emocionado, me proyectó con un fuerte y maravilloso shomen ate, pero sentí que fue una técnica cruel. Aún así, el número de caídas aumentó y, por alguna razón, el efecto del alcohol desapareció y de alguna forma conseguí acabar. Él estaba convaleciente en ese momento y con su condición física era un milagro que su nivel de resistencia fuese tal. Es posible que supiera cuánto tiempo le quedaba de vida, ya que falleció 5 meses después.»

4. Actitud docente

«En octubre de 1969, Tomiki-shihan y Oba-shihan viajaron al campus de Showacho de la Universidad de Momoyama Gakuin, en Osaka, con miembros del club de aikido de las universidades de Waseda, Kokushikan y Seijo. Aquí comenzaron a introducir el randori a siete universidades del área de Kansai.

Mientras volvía a Tokio, después de un corto periodo de tiempo, dijo algo como: ‘Los estudiantes de Kansai parece que realmente quieren hacer randori. ¿Irías a Osaka por mí?’. Fue realmente un honor ser recomendado, pero yo ya tenía un trabajo no oficial y no podía dar una respuesta inmediata. Por primera vez, mi padre y yo tuvimos una charla de hombre a hombre. Le hablé francamente sobre mi entusiasmo y mis sueños haciendo aikido. Mi padre habló sobre cómo sus deseos de joven nunca se cumplieron. Me animó diciendo: ‘Solo se es joven una vez’. Las recomendaciones de Shihan fueron el desencadenante para mí y me comprometí con Tomiki-sensei por lo que podría llevar una vida de aikido.

En otoño de 1969, cuando me convertí en estudiante de 4º curso, decidí ir a Osaka como instructor para difundir el randori a los estudiantes universitarios del área de Kansai. Era normal no acudir a entrenar como estudiante de 4º curso, pero seguí practicando, lo que no complació a los líderes del club.

En ese tiempo, Shihan estaba a cargo del curso de teoría del Budo en la Facultad de Educación Física, por lo que acudí a las clases. Cuando impartía clase su voz era calmada, tenue y muy fácil de escuchar. Sin embargo, la mayoría de los estudiantes que acudían a las clases estaban con la cara apoyada en el pupitre adormilados, hablando con la persona de al lado o haciendo algo que no tenía nada que ver con la clase. Los únicos que escuchaban seriamente eran unos pocos en primera fila.

Sobre esa época, en uno de los días de clase de Shihan, le acompañé desde la universidad a la estación de Umegaoka. En una cafetería en frente de la estación, me invitó a su pastel de manzana favorito con pasta choux. Mi mente bailaba mientras escuchaba sus profundas ideas y planes ambiciosos para su aikido competitivo.

Sin embargo, ese día mientras nos sentábamos, dije: ‘Sensei, es sobre la clase de hace algún tiempo, nadie estaba escuchando y la mayoría estaban dormidos. Creo que no tenía sentido y era una pérdida de tiempo’. Si pienso en ello ahora, fue muy maleducado decir aquello. Como siempre, él me escuchaba en silencio mientras asentía. Finalmente, dijo: ‘Nariyama, incluso si un solo estudiante está escuchando con todo su esfuerzo, lo haré’. Como un joven hombre, estas palabras tuvieron un gran impacto en mi y me dejaron huella. Están grabadas en mi mente y vivas en mi espíritu docente.»

5. Las instrucciones de Shihan

«En marzo de 1970, en la tarde previa a mi partida hacia Osaka, hice una visita a casa de Tomiki-shihan. Su esposa preparó amablemente comida y bebimos cerveza, lo que era algo poco común. Toda la noche escuché sus ambiciosas ideas sobre el aikido competitivo.

‘Nariyama, si los estudiantes de Kansai participan, el sueño de un torneo nacional se hará realidad. Algo bueno se difundirá siempre y después de algunos años, será como una avalancha. Todos los estudiantes lo estarán practicando y, por supuesto, tú estarás muy ocupado’.

No puedo describir el sentimiento de fuerza infinita que sentí en lo profundo de mí mientras escuchaba estas cosas y renovaba mi determinación. El 3 de noviembre del mismo año, el 1º Torneo de Estudiantes de Japón de Aikido Competitivo se celebró en el Centro Deportivo de Okubo, en Tokio.

La parte más interesante de la historia es que de repente dijo lo siguiente: ‘Cuando vayas a Osaka, no enseñes solamente randori a los estudiantes, aprende el estilo de aikido de Hirokazu Kobayashi-sensei. Como yo, el aprendió su aikido estudiando duro de Ueshiba-sensei’.

Hasta que escuché estas palabras, pensaba que iba simplemente a enseñar el sistema de randori a los estudiantes del área de Kansai. De las misma manera que él aprendió técnicas de Ueshiba-sensei, dijo que yo tendría que aprender directamente de Kabayashi-sensei. No pensé esto en ese momento y simplemente respondí: ‘Lo entiendo’. Sin embargo, no entendía el método de práctica de Kobayashi-sensei ni las técnicas en absoluto, y tampoco entendí las intenciones de Tomiki-shihan, pero me hizo madurar un poco.

Finalmente, durante la noche colocamos algunos cojines y nos relajamos. La variopinta conversación era interminable. En fin, me llené con el maravilloso festín y la cerveza que tomamos, y antes de darme cuenta, me dormí. Lo siguiente que recuerdo es que era por la mañana. Fue un error y recuerdo lamentarlo terriblemente.»

6. Presencia mental

«El 25 de noviembre de 1972, se celebró en el Budokan de Japón el Segundo Festival del Budo de Japón. Sin duda, este evento merece una especial mención. Del mundo del aikido, asistieron Kisshomaru Ueshiba (segundo al mando del Aikikai), Gozo Shioda (al cargo del Yoshinkan), y Kenji Tomiki (dirigente de la Asociación Japonesa de Aikido). Fue la primera vez en la historia en que los tres coincidieron en el mismo edificio. Sin embargo, el evento no transcurrió tal y como se hubiese esperado. Durante el turno de Tomiki-shihan, mientras demostrábamos la práctica de randori, escuchamos en repetidas ocasiones comentarios críticos del estilo de: ‘¿Pero qué es esto? El Aikikai no está de acuerdo’.

Además, uno de los miembros del comité de dicho festival, a pesar de habernos invitado, negó que lo nuestro fuese aikido. El ambiente era de tal tensión que los estudiantes universitarios más jóvenes allí presentes casi saltan de sus asientos.

Pero a Tomiki pareció afectarle poco y siguió con su clase. Aún así, yo no logré tomarlo con tanta calma, y en cuanto terminamos le pregunté al respecto.

La respuesta de Shihan fue simple: ‘La gente que nos comprende, nos comprende a la perfección. Así que no hay de qué preocuparse’. Recuerdo haber pensado que tuvo que ser su presencia mental o su concentración en lo que estaba haciendo. Han pasado ya 20 años desde entonces y aquella fue la primera y última vez que esas tres personalidades del aikido se juntaron bajo el mismo techo. Dicen que el espíritu del aikido es la armonía, por lo que este suceso me decepcionó bastante.»

7. Recuerdos de un viaje a Taiwan

«Durante una semana, del 12 al 18 de diciembre de 1973, Tomiki-shihan lideró un grupo de estudiantes seleccionados de las universidades de Kanto y Kansai en un viaje a Taiwan. Hicimos demostraciones en academias de policía, bases militares, etc. cada día y recibíamos una bienvenida VIP donde quiera que fuéramos. Recuerdo la fiesta de bienvenida organizada para nosotros por un comandante supremo de las fuerzas armadas taiwanesas. Shihan le obsequió con un dibujo que había hecho él mismo. El comandante se sintió muy honrado y Shihan lo miró complacido.

Él también conoció a un judoka internacional (llamado Sr. Hayashi) y a uno de sus estudiantes de la Universidad de Kenkoku, en la antigua Manchukuo, que era un hombre de negocios en ese momento. Ambos admiraron la personalidad de Shihan y su modo de vida. Shihan parecía verdaderamente feliz y satisfecho de conocerles.

Inusualmente, el programa nos otorgó muchos días libres. El Sr. Hayashi visitó a Shihan donde nos estábamos quedando a pesar de estar enfermo en ese momento. Nos llevo a lo más profundo de la ciudad al mejor sitio para comer anguila. Se encontraba al final de un callejón que los turistas japoneses no visitaban. No puedo decir que el lugar fuese muy limpio, pero la anguila estaba absolutamente deliciosa. Me sentí afortunado y agradecí comer con Shihan. Cuando se despidió del Sr. Hayashi, dijo con una mirada afectiva en sus ojos: ‘Espero que te mejores’. Aquello me dejó huella.»

8. La decisión de Shihan

«En el verano de 1975, vine a Osaka y viví en casa de Kobayashi Sensei durante 6 años. Poco a poco, conforme empecé a comprender el valor y la grandeza de Tomik-shihan, surgieron en mi una serie inconsistencias que no podía sacarme de la cabeza.

Una de ellas era las diferencias entre la práctica tradicional de las katas de Ueshiba-sensei y la práctica básica de caídas, postura, desplazamientos, etc., del sistema original de randori de Tomiki-sensei, y los problemas que esto me planteaba como instructor. Cuanto más en serio me lo tomaba, mayores eran tales dilemas.

¿Debería ponerlas en tela de juicio? Y de ser así, ¿hasta qué punto? ¿O sería mejor no hacerlo? Si lo hago, podría poner en duda la seguridad de la puesta en práctica del randori en competición, ya que esto podría suponer un accidente grave. Sin duda alguna, ¿no sería como levantar un enorme rascacielos sobre los cimientos de una casita tradicional de madera? Como dice el viejo proverbio ‘del joven, madura el hombre’, los malos hábitos son difícil de corregir, así que ¿por qué no sacar lo mejor de dichos hábitos negativos? Además, tampoco es esencial la perfección. Las veces que Shihan vino por Osaka, yo le hablaba con entusiasmo de todo esto y siempre asentía y escuchaba con atención.

Un día, recibí una carta con fecha del 11 de julio. En ella se decía: ‘A partir del próximo año, quiero que Shodokan se convierta en el dojo principal para que la gente de Tokio y Fukuoka pueda reunirse y entrenar periódicamente. Se lo he pedido al señor Uchiyama en otra carta. También he pedido a Kobayashi-shihan que colabore con nosotros de ahora en adelante’.

La petición de Shihan recibió respuesta del señor Masaharu Uchiyama, vicepresidente de la Asociación Japonesa de Aikido. Al año siguiente, el 28 de marzo de 1976, se finalizó el dojo central con 80 tatamis, bautizado como Shodokan. Aquel día, Shihan habló sobre dicho nombre en su discurso inaugural:

‘La razón por la que hemos nombrado a este dojo Shodokan, es sencilla, su nombre se debe al actual periodo Showa. Gracias a una oportunidad de oro, una ubicación favorable y armonía entre los implicados, este dojo representa un importante primer paso.’»

9. La satisfacción de Shihan

«El 21 de marzo de 1977, tuvo lugar el primer Torneo Nacional de Aikido, en el dojo del parque del Castillo de Osaka. Se conmemoraba el primer aniversario del Shodokan. Shihan estaba visiblemente contento de ver allí reunidos a tantos de los que él esperaba, llegados de todo Japón. Uno en particular, Kujiraoka-sensei (9º dan) era uno de sus antiguos amigos del judo. Durante lo que pareció una amistosa charla, este escuchó con suma atención las palabras de Shihan de principio a fin, y se quedó como espectador hasta la ceremonía de clausura.

Una de las cosas que Tomiki-shihan dijo durante su discurso de apertura fue: ‘El mensaje del presente torneo es el de desarrollar y difundir las técnicas tradicionales del jujitsu japonés, adaptadas al sistema de entrenamiento actual. Las técnicas de los estilos antiguos de jujitsu son muchas y muy diversas por lo que el judo por si sólo no es suficiente para mantenerlas vivas. Hay atemi waza (técnicas de golpeo) y kansetsu waza (técnicas a las articulaciones) que se usan para proyectar o inmovilizar a un oponente fuera del corto alcance. Recomiendo la práctica exhaustiva de dichas técnicas en el aikido competitivo’.

Al llegar al lugar donde nos alojábamos tras el torneo, dijo lleno de ilusión: ‘Kujiraoka-sensei me ha alabado hoy’. Yo no sabía mucho de Kujiraoka-sensei, pero según Tomiki-shihan, era un hombre muy culto y uno de los alumnos favoritos de Jigoro Kano-sensei. Al parecer su judo era excelente y muy ligero. Creo que debió ser como recibir un halago del propio Jigoro Kano. Ver a Shihan tan feliz, hizo que todos los problemas y fatiga previos al torneo se disipasen, como la nieve tras el deshielo.»

10. La visita de Higashi-sensei

«En agosto de 1979, recibí una llamada telefónica de Shihan: ‘Higashi-sensei y su esposa vienen a Japón desde Nueva York, ¿podrías ayudarles? Se graduó en la Universidad de Kokushikan como tú, por lo que será bueno que le conozcas. Por cierto, he invitado al Sr. Yanagi de la Universidad de Seijo para que sea tu uke, así que úsalo’.

¿Por qué era el Sr. Yanagi mi uke en ese momento? No podía imaginarlo en absoluto. Yo solo tenía que ser el uke de Shihan, no pensé que necesitara uno propio. En fin, el día llegó y puntualmente por la mañana temprano cogí el tren a Tokio y fui con prisa al lugar de encuentro que era el dojo en el edificio Setagaya de la Universidad de Kukoshikan. En el dojo, Higashi-sensei y su esposa ya se habían vestido para el entrenamiento y Shihan estaba esperando con su camisa remangada. 

No puedo dejar de pensar que llegué tarde porque seguía cansado y con una pobre condición física desde un curso nacional de aikido que había tenido lugar el mes anterior en Akita. Sin embargo, Shihan nunca se permitió unas vacaciones y siempre daba la bienvenida a los visitantes de lejos.

Esta fue la primera vez que me encontré con Nobuyoshi Higashi-sensei. Desde 1960 había sido miembro de la Universidad de Kokushikan y entrenador del club de judo mientras recibía clases de Tomiki-sensei. Tras esto, obtuvo un puesto en América como profesor de intercambio. En 1976, estableció la Alianza Americana de Aikido Tomiki para difundir y desarrollar el aikido competitivo. Hoy en día, enseña aikido en el plan de estudios de la Universidad Estatal de Nueva York.

Shihan a menudo hablaba sobre maai (distancia adecuada) en judo y en aikido. Él siempre nos explicaba la efectividad del judo diciendo: ‘En judo, puedes proyectar a un oponente cuyas piernas estén a vuestro alcance; en aikido puedes proyectar a un oponente cuyas piernas no estén a vuestro alcance’ y ‘Si un aikidoka viene contra un 4º o 5º dan de judo, el aikidoka no tendrá tiempo de estar quieto’. Él decía que una persona que entrenase lo suficiente con las piernas en judo, sería excelente en aikido.

Debido a esto, se esperaba mucho de Higashi-sensei y Watanabe-sensei (miembro del club de judo de la Universidad Nihon, se graduó en 1960 y fue a América en 1961 como instructor de judo y aikido). Yo había escuchado a Tomiki-shihan y Oba-shihan mencionar el nombre de Higashi-sensei anteriormente y había imaginado a una persona mucho más grande y exigente. Sin embargo, cuando le conocí, me sorprendió porque, de hecho, no era muy diferente en altura a mí y aparentaba ser muy cordial. Con el tiempo soñé en enseñar en el extranjero y me otorgó mucha seguridad en mí mismo.

Esta fue la vez que descubrí que el Sr. Takashi Yanagi era el sobrino de Shihan. Él era feliz siendo mi uke y, tras graduarse en la universidad, tuvo buenos resultados en varios torneos. Hoy en día, es el entrenador del club de aikido de la Universidad de Kokushikan.»

Nariyama, T. (2014-2018). 富木謙治師範の教え: 技と心. Osaka, JP.: Shodokan Aikido Federation.

Recuperado de https://shodokanaikido.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.